Represión violenta contra 100 millones de personas

Es una de las mayores campañas de persecución religiosa que han ocurrido en el mundo en los últimos 20 años.

Millones de personas inocentes en China han sido despedidas de sus trabajos, expulsadas de la escuela, encarceladas, torturadas o asesinadas simplemente por practicar Falun Dafa (ver Estadísticas clave para más detalles).

Cada día, las decenas de millones de personas que hoy en día practican Falun Dafa en China, viven en riesgo de ser llevadas por las autoridades chinas para ser encarceladas, torturadas —o peor.

La campaña de persecución [contra Falun Dafa] ha sido llevada a cabo por funcionarios gubernamentales y policías a todos los niveles, y ha permeado a todos los segmentos de la sociedad. —El Congreso de los Estados Unidos, House Resolution 188

¿Por qué se persigue a Falun Dafa?

A lo largo de la década de 1990, Falun Dafa tuvo el apoyo de numerosas agencias gubernamentales chinas, siendo considerada una práctica de meditación que mejoraba la salud pública y la moralidad.

Sin embargo, el 22 de julio de 1999, se lanzó una campaña masiva de represión. ¿Qué salió mal?

Una explicación básica para la campaña aparentemente irracional contra Falun Dafa es la naturaleza atea y dictatorial del Partido Comunista Chino (PCCh), que teme a todos los grupos fuera de su control, en particular a los que se suscriben a una ideología diferente. Desde mediados de la década de 1990, algunos en el Partido sintieron su poder amenazado por la popularidad de Falun Dafa. La persecución total ocurrió después de años de creciente acoso (cronología).

El partido ha intentado varias veces erradicar todas las expresiones de religión de China (un país tradicionalmente conocido como “la tierra de lo divino”). A día de hoy, los católicos romanos, muchos protestantes y budistas tibetanos no pueden practicar su fe libremente en China y corren un riesgo constante de ser detenidos y torturados.

En 1999, Falun Dafa se convirtió en un blanco natural, ya que era el grupo espiritual más grande y de más rápido crecimiento en China, con 100 millones de practicantes en todo el país, según informes del gobierno chino en ese momento.

Otros han observado que la decisión de lanzar la campaña de persecución está relacionada con los “celos” del ex jefe del partido, Jiang Zemin, a Falun Dafa. Fuentes citadas por The Washington Post afirman que “Jiang Zemin decidió por sí solo que Falun Dafa debía ser eliminado”, y “escogió lo que él pensaba que era un blanco fácil”. (conocer más acerca de los inicios de la campaña de de persecución)

LA HISTORIA DE LA PERSECUCIÓN. Una mirada más profunda sobre por qué y cómo el Partido Comunista Chino atacó a Falun Dafa con una violenta campaña para “erradicar” la práctica (10min)

Tortura

Tal vez, la característica más relevante de la campaña ha sido su uso predominante de la tortura extrema. La tortura de los seguidores de Falun Dafa se ha documentado en cada una de las provincias de China, en cárceles, campos de trabajo forzado, centros de lavado de cerebro y escuelas en las grandes ciudades, pueblos pequeños y aldeas de China.

Las técnicas comunes de tortura incluyen electrocución con bastones eléctricos, quemaduras con hierros, atar el cuerpo en posiciones dolorosas durante días, alimentación forzada con soluciones salinas a través de un tubo de plástico insertado en la nariz y arrancar las uñas con brotes de bambú, por nombrar algunas. La violación y tortura sexual a practicantes de Falun Dafa bajo custodia también son frecuentes.

Hasta la fecha, se han documentado más de 4,000 muertes y al menos 63,000 relatos de tortura. Es probable que esta cifra sea sólo una fracción del número real, debido a la dificultad y al peligro de denunciar abusos en China.

Encarcelamiento y lavado de cerebro

Para millones de personas en China, la realidad más básica de la campaña contra Falun Dafa ha sido pasar por largos períodos de detención en campos o prisiones de “reforma mediante el trabajo” —el sistema Gulag de China— luego de juicios absurdos o inexistentes. Allí, se ven obligados a trabajar hasta 20 horas al día, produciendo, sin remuneración, desde juguetes, luces para árboles de Navidad y palillos, hasta balones de fútbol para exportación. Los que se niegan son torturados (más sobre la detención arbitraria y la esclavitud).

Ya sea en campos de trabajo, cárceles o en centros especiales de reeducación, todos los practicantes de Falun Dafa detenidos se ven obligados a someterse a lo que sólo puede describirse como lavado de cerebro. El objetivo del Partido Comunista Chino es obligar a estas personas a renunciar a sus creencias espirituales y llegar a ver a Falun Dafa como peligroso, así como a delatar a otros practicantes que exponen activamente la persecución.

Los elementos clave del proceso de lavado de cerebro, o lo que el partido llama “transformación”, son la privación de sueño, horas y horas mirando videos que difaman a Falun Dafa, amenazas y “sesiones de lucha” al estilo de la Revolución Cultural. A algunos individuos particularmente “tercos”, que se niegan a transformarse, se les inyectan drogas psicotrópicas como tratamiento para el trastorno mental del pensamiento político incorrecto.

Sustracción forzada de órganos

Sin embargo, la solución definitiva del partido para el gran número de seguidores de Falun Dafa encarcelados es mucho más aterradora. Según empleados actuales y anteriores de los hospitales chinos, Falun Dafa ha sido utilizado en la compatibilidad inversa de órganos: han sido asesinados por miles, para que sus órganos puedan ser utilizados en trasplantes bajo pedido.

Se extraen hígados, riñones, corazones y córneas, bajo anestesia, a los practicantes de Falun Dafa vivos y con tipos de sangre compatibles para venderlos a funcionarios del partido y a otras personas desesperadas y ricas de China y del extranjero. Las llamadas telefónicas de investigadores encubiertos a hospitales chinos han capturado, en una grabación, a los médicos alardeando de esta práctica (más sobre la sustracción forzada de órganos).

La censura y la propaganda alimentan la violencia

Pero, como en otros genocidios del siglo XX, la violencia extrema primero requirió la deshumanización “del otro” a través de la propaganda. De hecho, una medida clave en la represión del partido ha sido limitar y distorsionar la información sobre Falun Dafa, tanto en China como en el extranjero.

Desde el primer día de la represión, el régimen prohibió todos los libros, y que los medios de comunicación discutieran positivamente sobre Falun Dafa. Todos los sitios web relacionados con la práctica inmediatamente fueron bloqueados. Millones de libros de Falun Dafa fueron confiscados por la fuerza y ​​quemados públicamente. El régimen temía que la gente pudiera aprender, si aún no lo sabían, que Falun Dafa era una forma de vida saludable, normal y positiva, adoptada por millones (más sobre la censura).

Estos esfuerzos de censura, por supuesto, se han extendido al ciberespacio, gracias, en gran parte, a las empresas occidentales que han vendido con entusiasmo la tecnología de vigilancia de Internet a los aparatos de seguridad del partido. Como resultado, hay chinos ahora en la cárcel por publicar en línea evidencias de torturas o simplemente por descargar artículos sobre Falun Dafa (más sobre la persecución y el Internet).

Además de la censura, el partido ha tratado de difamar a Falun Dafa a través de un agresivo bombardeo de propaganda. El régimen ha decidido presentar a Falun Dafa como peligroso, desviado y anormal.

El ex presidente del partido, Jiang Zemin abrió el camino, colocando la etiqueta de “culto” a Falun Dafa, tres meses después de su prohibición, como medio para influir aún más en la opinión pública. Bajo la guía del Partido Comunista Chino (PCCh), varios ministerios y medios de comunicación estatales lanzaron numerosas publicaciones, programas de radio y televisión e incluso obras de teatro, cómics y exhibiciones destinadas a demonizar a Falun Dafa (más información sobre esta campaña de propaganda).

Mientras tanto, funcionarios de gobiernos de todo el mundo informan haber recibido materiales difamatorios de emisarios del partido. Estos a menudo van acompañados de intentos de presionar a funcionarios electos para que guarden silencio sobre los abusos perpetrados contra Falun Dafa, rescindir proclamaciones en reconocimiento a las contribuciones de Falun Dafa a la comunidad y bloquear actividades locales de Falun Dafa, como desfiles o conferencias.

Propietarios de negocios, periodistas y académicos también han sido sometidos a similares tácticas de presión y amenazas (más sobre la presión en el extranjero), lo que ha llevado a un silencio a veces inquietante en la prensa y en la academia en occidente (ver “Fuera del foco de los medios”).

Impacto social y económico

De hecho, quienes eligieron lo último se han enfrentado con mayor frecuencia a formas de opresión que no aparecen en los titulares: despido del trabajo, expulsión de las universidades, privación de atención médica y pensiones, divorcio, falta de vivienda y una variedad de otras formas de discriminación (más sobre : persecución en la familiapersecución en el trabajo y la escuela, y la indigencia).

Resistencia

Cuando fue lanzada la persecución en 1999, decenas de millones de chinos que practicaban la disciplina de meditación se enfrentaron a una elección. Una opción era rendirse otra vez ante el Partido Comunista y abandonar una práctica que les había proporcionado una mejor salud, una guía espiritual y renovada esperanza. Una segunda opción parecía ser la de continuar practicando en silencio en casa, pero como prontamente demostraron las redadas, esto era imposible incluso si se pudiera hacerse el desentendido ante la persecución de familiares y amigos. Una última opción fue resistir abiertamente la persecución, a pesar de saber muy bien que las consecuencias podrían ser muy dolorosas. Cualquiera que fuese la respuesta elegida, los seguidores de Falun Dafa han mostrado una resistencia notable, con decenas de millones que todavía practican en China hoy en día e incluso con algunas personas nuevas que se han unido a sus filas.

Los practicantes de Falun Dafa que han elegido resistir más activamente, han sido consistentes al negarse a adoptar la violencia como opción y, en cambio, se han enfocado en usar todas las vías pacíficas disponibles para que sus voces sean escuchadas. Al principio, los adherentes intentaron razonar con los gobernantes del Partido Comunista a través de cartas y peticiones. Cuando estas cayeron en oídos sordos, los practicantes de Falun Dafa se dirigieron a la Plaza de Tiananmen donde, meditando en silencio o mostrando pancartas antes de ser arrestados, buscaron llamar a la conciencia del pueblo chino así como a los líderes mundiales. A medida que continuaba la persecución, Falun Dafa comenzó a contrarrestar la propaganda estatal distribuyendo información que exponía la persecución a través de folletos, VCD, correos electrónicos y llamadas telefónicas.

Colectivamente, este movimiento de resistencia, compuesto por actos individuales audaces a pesar de los grandes riesgos personales, constituye el que probablemente sea el movimiento no-violento más grande del mundo en la actualidad (ver “Resistencia pacífica”).